Entre el tumulto y el colapso de otro viaje, en un metro atestado de gentes que hablaban, que miraban al vacío. Yo iba incomodo escribiendo, enajenado, lejano, conectado a mi pequeño mundo con los audífonos directos al oído, con la música tan fuerte que borraba el murmullo de los demás. Escribía línea tras línea lo peor de aquel día, de esa sensación de fracaso, de la decepción apernada a mi espalda. Cuando mire a lo lejos, frente a mi, al otro lado del vagón, ya acostumbrado a nunca encontrar nada, ni a nadie conocido, vi su mirada cruzarse con la mía, esa mirada qué no buscaba, esa mirada profunda, que me hizo parpadear y mirar a otro lado pensando en que talvez se había equivocado, que me había confundido ya que siempre he sido invisible entre tanta gente, entre los ojos que no ven mas alla que su propio reflejo en las ventanillas del vagón. Entonces baje la cabeza y el metro freno suavemente y otra ves como dos cómplices nuestros ojos se cruzaron, como dos faros en la niebla y en un idioma sin palabras no nos dijimos nada y su boca delgada como la luna menguante me dibujo una pequeña sonrisa de color rosa. Una sonrisa de labios dibujados con crayón y dos pequeñas margaritas se marcaron a su alrededor. Volví a mirar bien sus párpados, su piel tenue, su pelo rubio deslavado, su abrigo negro y esa sonrisa suave qué fue mía por un instante. Volví a escribir semi nervioso, mientras el metro anunciaba su parada en Manuel Montt, escucho el abrir de la puerta, subo rápidamente la mirada y ya no estaba, y ya se había ido, ya se había esfumado entre el anden, pero sin saberlo dejo en mi este pequeño gran regalo, sin recibir nada a cambio me dio mas que otras que me han robado hasta el alma.
No me baje a buscarla, ni alcance a pensarlo por que la puerta se cerro bruscamente, así que preferí quedarme con este trofeo, ese recuerdo de su mirada en mi camino de vuelta a casa, en el viaje en que conocí sin querer, a la chica del metro de las 8:30.
By york
viernes, mayo 16, 2008
Que nadie
Que nadie se atreva a conocerme
Que nadie me intente descifrar
Que nunca comprendas está escritura ilegible,
este borrón sobre la tinta húmeda,
este tatuaje en carne viva bajo la piel.
Qué no pierdas las horas contemplando está pintura abstracta,
está obra barata sin principio ni final.
Qué tus ojos se enceguescan,
Qué los destemple la luz,
Qué los queme el rojo infierno,
El bruto peso de mi cruz.
Qué no me divises de mañana ,
qué sea tu crucigrama inconcluso,
Un libro sin hojas,
una foto confusa desenfocada velada sobre tu velador.
Qué no te animes a entenderme,
Qué soy el antónimo del antónimo,
Qué tengo el cuerpo escrito en leguas pérdidas,
qué no podrás descifrar estos signos.
Estas señales desteñidas,
está oscuridad nublada,
esta luz qué titila pero no alumbra,
este corazón que quiere pero no deja,
está boca qué se muere pero se niega,
está extraña forma de quererte.
Este latido que prefiere esconderse.
Que nadie me intente descifrar
Que nunca comprendas está escritura ilegible,
este borrón sobre la tinta húmeda,
este tatuaje en carne viva bajo la piel.
Qué no pierdas las horas contemplando está pintura abstracta,
está obra barata sin principio ni final.
Qué tus ojos se enceguescan,
Qué los destemple la luz,
Qué los queme el rojo infierno,
El bruto peso de mi cruz.
Qué no me divises de mañana ,
qué sea tu crucigrama inconcluso,
Un libro sin hojas,
una foto confusa desenfocada velada sobre tu velador.
Qué no te animes a entenderme,
Qué soy el antónimo del antónimo,
Qué tengo el cuerpo escrito en leguas pérdidas,
qué no podrás descifrar estos signos.
Estas señales desteñidas,
está oscuridad nublada,
esta luz qué titila pero no alumbra,
este corazón que quiere pero no deja,
está boca qué se muere pero se niega,
está extraña forma de quererte.
Este latido que prefiere esconderse.
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