Turbia,
mirada oscura y maldita,
un escote para perderse,
una boca floja de insultos,
el pelo rojo como el fuego,
La luna era tu compañera,
el hambre se apagaba con uno que otro trago,
la sed se olvida con cervezas y risas sinicas,
la rabia la descargabas en plena calle
a chuchadas con la gente.
Oscura,
a empujones en el metro
te abrias paso entre la gente,
te sentabas en la acera,
la falda corta y una lagrima seca
y muerta detras de los ojos.
Amarga,
condicionada en el rincon,
siempre siendo la ultima,
con una tormenta en la espalda,
con una brisa de escarcha,
el demonio en los ojos,
una carcajada intensa y llena de malicia.
Perdida,
la nariz congestionada,
cuantos gramos, cuanta pasta,
cuanto vuelo razante por la ciudad iluminada.
tu cuerpo oscuro y
el alma colgando de un hilo,
se te fue entre las sombras de la noche,
nunca nadie supo quien fue,
nunca a nadie le importo,
ni gritos, ni llantos, ni la quejumbre
de quien pierde la vida
sobre una roja alfombra de sangre
antes del amanecer.